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Hoy es mi tercer día montando guardia en el colegio del T-Rex.
Como para cualquier madre, el inicio de un nuevo año siempre implica algunos temores: nuevas maestras, nuevos compañeros, nuevas clases, nuevo patio, nuevos padres… todo nuevo. Pero si a esto le sumamos la Diabetes tipo 1, esos miedos se triplican… sobre todo si también tenemos “nueva terapia”. Este año a nosotros nos acompaña Bumblebee, la bomba de insulina del T-Rex.

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A la extensa lista de utiles que nos entrega el colegio, nosotras les sumamos: Kits de rescates, medidor, tiras y algunos carbohidratos extra… todo “Por si acaso”. Puede ser que pequemos de ser un poco mucho exageradas, y aunque nunca hayamos tenido episodios que lamentar, a la señora diabetes no se la puede subestimar.
Este es nuestro tercer año en etapa escolar y hasta hoy hemos tenido la suerte de encontrar una excelente predisposición para que él reciba, no sólo la mejor atención si no que sienta la seguridad de que todo va a estar bien.

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La experiencia en el colegio, en nuestro caso siempre ha sido positiva. Lo primero que hicimos, hace tres años, fue comunicar por escrito que el T-Rex tenía (y sigue teniendo…😜) Diabetes tipo 1. En esa misma comunicación solicitamos una reunión con todo el personal docente, en especial con las que iban a ser sus maestras.
No es fácil digerir a la diabetes, no lo fue para nosotros, menos lo será para los que deben asumir el desafío de velar por la salud de un niño , y además, enseñarle todo lo previsto en el plan de estudios; más aún cuando hay 20 niños más que requieren la atención de la maestra.
Creo que la clave para darles confianza y seguridad a los profesores está en la manera como nosotros mismos encaramos a la Diabetes. Si les decimos de entrada, que es una enfermedad crónica que por un descuido puede llevar al niño al coma y hasta la muerte, por supuesto que estarán con miedo a tomar la responsabilidad; sin embargo, si les explicamos con claridad y les damos las herramientas y las instrucciones para que puedan salir de cualquier situación, pues la cosa cambia.
Si los nuevos maestros no tienen ninguna experiencia con un niño con diabetes tipo 1, y aunque la tuviera, pienso que es indispensable que durante los primeros días los acompañemos de cerca hasta que se familiaricen con el glucómetro, los números, la bomba y el conteo.
Tratamos de facilitarle al maestro lo máximo posible: un instructivo claro y preciso para las emergencias, dejamos un kit de rescate en los lugares donde se crean necesarios (clase diaria, educación física, enfermería por ejemplo), un medidor extra con tiras; y las meriendas vienen etiquetadas con la cantidad de carbohidratos que va a consumir en cada ingesta.
El glucagón no puede faltar en nuestra lista de insumos diabetiles escolares. Aunque en los 5 años y más no los hayamos utilizado, no quiere decir que los accidentes no ocurran y tener el salvavidas en la heladera del colegio, con la correspondiente demostración previa de como aplicarlo, se hace indispensable.

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La ventaja de la bomba de insulina en el colegio se merece un post aparte. El solo hecho de no tener que dudar de cuantas unidades de ultrarrápida se le va a aplicar al niño a la hora de comer, ya es un paso enorme hacia la seguridad y facilidad en el cuidado.
Nuestro pedido específico al colegio no fue mantener los números en rango; lo que les rogamos es que el T- Rex pueda disfrutar de su escolaridad como cualquier niño y que su diabetes no sea un obstáculo para ello, que lo apoyen para que aprenda, para que no pierda los recreos midiéndose, que no hayan paseos a la enfermería innecesariamente y que pueda jugar con sus compañeros sin miedos. El niño es niño antes que la diabetes y ésta no debe interferir en su desarrollo.

Por otro lado, nosotras las mamás debemos ser conscientes de que nuestro dulce no es el único niño del aula y no podemos exigir que la maestra le dé atención exclusiva a él.  La tarea de prepararlo para la vida es nuestra y debemos instruirlos para que se acerquen cada vez más a la autonomía.

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Escribir desde el patio de este hermoso colegio, me ha hecho valorar muchísimo que mis hijos puedan estar aquí. Ser como invisible, pero observando todo lo que hacen, sus rutinas, sus horarios, los recreos, sus juegos, sus amigos, hasta los paseos fuera de clase… todo contribuye a que como mamá me sienta una privilegiada, pues los veo felices en un ambiente seguro, con disciplina pero al mismo tiempo, recibiendo el cariño necesario para querer volver cada mañana.
Feliz y dulce retorno a clases! 😊

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