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El  campamento es una oportunidad ideal para que los chicos aprendan el manejo de su propia diabetes, a través entretenimientos lúdicos; dirigidos y planificados especialmente para ellos. Nada se deja al azar en estos días de intensas actividades físicas y de educación. Cada una de ellas tiene un objetivo encubierto; controlar la diabetes ante todo tipo de situaciones: viajes, emociones, bailes, pileta, juegos, deportes, alimentos, etc.

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Así mismo, los médicos tienen la posibilidad de ver el comportamiento de sus pacientes durante todo ese tiempo, en primera persona. Las rutinas de la casa se repiten pero también se revisan: se miden antes y después de comidas, realizan el conteo de carbohidratos; si no saben, aprenden; adaptan las dosis de insulina teniendo en cuenta a cada niño en particular.
Las nutricionistas trabajan en la elaboración de cada comida, calculando los carbohidratos en cada porción de alimento y todas las veces que se sientan a la mesa, repasan el sistema de conteo.
El fantasma de las hipoglucemias no está ausente, claro que los acompaña! Como en todos lados! Sin embargo, para tranquilidad de los que quedamos en casa, los controles están redoblados, justamente porque están en permanente actividad. Por lo mismo, los controles nocturnos son muy estrictos. Todos los encargados tienen a mano, lo necesario para realizar los rescates necesarios.

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Endocrinólogos, pediatras, enfermeras, nutricionistas y líderes; llevan todo lo preciso para hacer frente a cualquier emergencia relativa a la diabetes: tiras, medidores, lancetas, agujas, insulinas y Glucagón. Los líderes, que son jóvenes con diabetes tipo 1, llevan consigo una mochila con estos insumos, además de los seguros de vida ante las posibles hipoglucemias.
Los niños trabajan agrupados por edades, ya sabemos que cada etapa tiene sus bemoles. Cada uno de ellos, lleva una libreta de anotaciones que funge de pasaporte para participar de la siguiente actividad en el campamento, obviamente todos cumplen con este requisito, pues quieren participar de los entretenimientos!

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Soy madre de un niño de 6 años de edad, con Diabetes tipo desde hace casi 5, así que ni he experimentado la separación por varios días por un campamento, ni he participado en uno; así que todo lo que digo en esta publicación, es producto de lo que vi en estos casi 4 años de trabajo en la Fundación Paraguaya de Diabetes.
Estoy segura de que para los padres y madres de niños y adolescentes con diabetes, soltarlos constituye una gran preocupación. Imagino que se mezclan todo tipo de sentimientos, entre el miedo a no tener el control sobre ellos y la obligación de liberarlos, para que ganen independencia, autonomía y aprendizaje.
Cuando decimos que el campamento está dirigido a chicos de entre 10 y 15 años de edad, es porque se requiere cierta madurez de su parte para soportar 3 noches y 4 días sin papá o mamá; sin embargo, creo firmemente que los que más madurez deben demostrar somos nosotros los padres; debemos estar preparados para esta necesaria y breve separación temporal.
Los chicos están acompañados en todo momento, bajo el cuidado de personas responsables que los van a ayudar en todo.
Entonces, que nuestros hijos no se pierdan esta magnífica oportunidad para conocer a otros como ellos, que sepan que no están solos, que no todo lo relativo a la diabetes es malo; y de paso, conocerse a sí mismos y a aprender a ser expertos en su propio cuidado.
Mientras tanto, las mamás páncreas podemos organizar unas tardes de Spa, shopping, merienda o vino terapéutico; un pequeño descanso de la diabetes no nos viene mal, y además; lo tenemos bien merecido.

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Y estas caras de felicidad y diversión, se merecen conocer la experiencia o repetirla si ya la vivieron!

 

 

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