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Creo que me equivoco cuando digo que la Diabetes tipo 1 llegó a nuestras vidas sin previo aviso, ella nos mandó varias señales, muy típicas de que se venía a instalar en la casa. El problema era que nadie conocía los síntomas clásicos, es lógico; no tenía porqué interesarnos; era impensable que “eso” nos toque a nosotros, no se te pasa por la cabeza.

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Por supuesto, que estaba huérfana de toda información, es normal; nadie tiene porqué saberlo todo. Lo único que conocía de ella era que se trataba de una enfermedad de ancianos u obesos, que no debían consumir alimentos dulces, hacer dieta y listo. Y aunque mi propia madre había sido diagnosticada con Diabetes tipo 2 hacía un tiempo atrás y también tenía una amiga casi de mi edad con diabetes, y sabía que la había adquirido de niña; aun así, no asocié nunca esos indicios con lo que estaba pasando mi pequeño bebé, me sentí culpable después; si y mucho.
En aquellos tiempos, el T-Rex era apenas un bebé de pañales. Era muy raro ver a un pequeñito con una botella de agua en una mano y con un juguete en la otra. Él tenía muchísima sed todo el tiempo. No dormíamos casi nada, tomaba muchísimo liquido -entre leche y agua- toda la noche, cambiábamos pañales, sábanas y, a veces, hasta de cama por lo mojada que quedaba.
En cualquier momento del día tenía sueño y por cualquier motivo o sin uno aparente se ponía muy nervioso e iracundo; pasábamos del llanto a la somnolencia con facilidad y frecuencia. Esos cambios de humor nos tenían desorientados.

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Era evidente que algo no andaba bien, habían transcurrido varias semanas con horribles noches y días igual de difíciles. No había signos comunes de otras clásicas afecciones de bebés como fiebre, vómitos, ronchas, mocos, nada. Así que fuimos al pediatra sin saber lo que nos esperaba.
Le conté el mismo relato que acaban de leer, le hizo una revisión de pies a cabeza. Me dijo que lo observaba como “chupado”, algo así como delgado. Yo no lo había notado, porque él comía siempre lo mismo y la misma cantidad, el apetito no había mermado; además lo veía todo el tiempo, por lo tanto, era difícil notar si había disminuido su peso.

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Gracias al buen criterio del pediatra, de inmediato nos ordenó un examen de orina simple, y dos horas después nos presentaron a la Señora Diabetes, con la siguiente introducción: “Su hijo tiene 420 de azúcar en sangre, es diabetes”.
Por supuesto que estoy omitiendo muchísimos detalles para no alargar la historia. A lo que quiero llegar es a que observemos las señales que nos muestran los niños. Nosotras las mamás tenemos ese sexto sentido sobre algo no está bien, pero no tenemos una bola de cristal que nos traduzca lo que está pasando; algunas somos brujas, pero sin esa tecnología es difícil!
Entonces repasemos, algunos de los síntomas más comunes de la Diabetes son:
• Pérdida de peso
• Mucha sed
• Cambios de humor
• Muchas idas al baño
Existen varios otros indicios, pero estos son los que yo observé en mi pequeño bebé.
Sería bueno que cuando los chicos se hagan el análisis general de rutina o no, sea incluida la Glicemia, ésta debiera formar parte de un protocolo para los pediatras, si ellos no lo ordenan, pídanlo ustedes… siempre.
Señora Diabetes, mucho gusto en conocerla???? NO, gracias.
Si me daban a elegir, hubiera preferido no saber de ella.

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